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¿QUÉ COMEREMOS MAÑANA?

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Por: Hugo F Castellano

 

Heráclito, el filosofo griego, postulaba que nada es permanente…excepto el cambio.

 

2020 reflejará en la historia un punto de inflexión general que, para toda la actividad humana, va requerir un esfuerzo de características singulares: reconstruir confianzas, certezas y también guías para el mundo que viene. El escenario actual irá cambiando y las preguntas de hoy buscarán respuestas concretas.

La actividad agroalimentaria toda no escapa a eso y además, está soportando una dura prueba. Miles de mujeres y hombres agricultores en el mundo, están sembrando y cosechando. Pero al mismo tiempo, se encuentran llenos de dudas ante un futuro que al menos, deja traslucir muy poco.

Llegar a 2030 alcanzando la totalidad de los Objetivos de Desarrollo Sostenible supone una tarea de gran dificultad. Una agenda previa fue interrumpida por una grave crisis sanitaria que afecto a prácticamente todos los países.

Reconstruir el ritmo del mundo entonces, posiblemente necesite de la recuperación integral de la agenda precedente, de una adaptación tras una contingencia única, y de mayores precisiones..

La primera certeza necesaria es poder saber qué vamos a comer en los meses y años que siguen. Además de salud, el mundo seguirá lógicamente, demandando alimentos.

Producir con sustentabilidad, con buenas prácticas, reducir impactos negativos al máximo y fortalecer la estructura agroalimentaria con calidad e inocuidad, significan una reflexión, y al mismo tiempo un esfuerzo de numerosos actores que hoy, deben pensar en mañana y pasado mañana.

El primer paso será necesariamente darle fuerza suficiente a la demanda global. La tragedia sanitaria trajo consigo un cuadro devastador para las economías del mundo.

El segundo paso, será la inversión. La agricultura, la producción de alimentos, necesitará no solo mejores tecnologías. Saber usarlas será clave. La investigación, el desarrollo de la ciencia y su aporte para lograr mejores resultados productivos con mínimos impactos en el medio ambiente, la biodiversidad y los recursos naturales, deberían ser el punto de apoyo para producir cantidad y calidad suficientes..

El denodado esfuerzo presente de los agricultores en México y el mundo, merece un reconocimiento genuino. Pleno. Tangible y  de largo plazo. Acercar conocimiento técnico para hacer una agricultura mejor, será posible con más estudio y excelencia investigativa y científica. Como cuidar el suelo, qué más se necesita saber de una semilla, cuánta agua podemos ahorrar, qué calidades son posibles. Cómo optimizar una cosecha, qué herramientas pueden potenciar una comercialización más dinámica y cómo certificar con mayor nivel precisión la calidad integral de un producto. Todo eso requiere de grados mayores de conocimiento. Una escala aún más alta que la presente.

La pandemia dejará consecuencias. También lecciones. Y al mismo tiempo, oportunidades. Toda la cadena agroalimentaria tendrá el reto de superar una crisis enorme, y la oportunidad de ponderar el enorme valor del conocimiento, la capacitación, la ayuda técnica y el uso amplio de las tecnologías disponibles. Nada es permanente. El futuro necesitará respuestas. Lo que vamos a comer mañana, dependerá también de cultivar con un compromiso sustentable, y un conocimiento amplio. También revalorizando la investigación, la innovación y la ciencia como herramientas centrales de desarrollo.

¿Qué comeremos mañana? La respuesta está en conocer, entender, poder decidir y ser resilientes para producir alimentos en el campo, agregarles valor en la industria y potenciarlos en mercados locales e internacionales , en la denominada nueva normalidad. El presente ya pasó. El futuro está enfrente. En la semilla que va a llegar a la tierra.

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